La liturgia de la Palabra de este domingo nos muestra un itinerario de vida cristiana que nace con la proclamación y la escucha de la Palabra de Dios. Una Palabra que revela a un Dios que apuesta una y otra vez por la humanidad, amándola hasta el extremo. El proyecto de Dios está encaminado a construir una esperanza nueva en la humanidad. El objetivo es que toda persona tenga un sentido de vida, basado en la justicia, la paz y la dignidad.
Dios con su Palabra nos convoca a todos y cada uno de nosotros a vivir en clave de encuentro, porque es un Dios Padre, que se hace cercano y acogedor de las diversas historias personales. Es una invitación abierta, que necesita de una respuesta, porque todos estamos llamados a participar en esta dinámica de realización personal y comunitaria.
Fruto del máximo amor que Dios nos tiene es el envío de su Hijo, para facilitarnos las cosas; su encarnación marca un antes y un después, ya que nos ofrece un nuevo horizonte para nuestra vida. Su mensaje, sus acciones calan en lo más profundo de nuestros corazones, para que desde ahí sigamos proclamando una palabra de aliento para nuestro mundo convulso. Comenzamos por nosotros mismos, por nuestro entorno, para que desde ahí podamos ir dando pasos, y siendo los mejores embajadores de Cristo en nuestra sociedad.
Lectura del Libro de Nehemías 8, 2-4a. 5-6. 8-10 :
"En aquellos días, el día primero del mes séptimo, el sacerdote Esdras trajo el libro de la ley ante la comunidad: hombres, mujeres y cuantos tenían uso de razón…"
Salmo 18:
R/ «Tus palabras, Señor, son espíritu y vida.»
Lectura de primera carta del apóstol San Pablo a los Corintios 12, 12-30:
"Lo mismo que el cuerpo es uno y tiene muchos miembros, y todos los miembros del cuerpo, a pesar de ser muchos, son un solo cuerpo, así es también Cristo…"
Lectura del Santo Evangelio según San Lucas 1, 1-4; 4, 14- 21:
"Ilustre Teófilo: “Puesto que muchos han emprendido la tarea de componer un relato de los hechos que se han cumplido entre nosotros, como nos los transmitieron los que fueron desde el principio testigos oculares y servidores de la palabra, también yo he resuelto escribírtelos por su orden,…"
Palabra de Vida
El texto de Nehemías narra un hecho importante para el pueblo judío: la lectura pública de la Palabra de Dios. A partir de ese momento va ser considerada una religión del Libro, y va a adquirir una identidad: la relación de Dios con su pueblo, a través de su Palabra.
La Palabra de Dios, tiene como destinatarios a todos los habitantes del pueblo de Israel. Por consiguiente, esta Palabra adquiere una dimensión existencial, porque contiene un mensaje que se actualiza en cada ciudadano judío.
La Iglesia como heredera del antiguo pueblo de la Alianza, valora positivamente la Palabra de Dios, porque encontramos una tradición que anuncia al Mesías esperado. Por tanto, se abre una perspectiva en la revelación del Evangelio de Cristo, que es el que realmente da sentido a nuestra identidad cristiana. La Buena Noticia que trae Jesús es capaz de ofrecernos un nuevo modo de vida, de encuentro y de fraternidad.
Diversidad y Unidad en la Comunidad
La comparación que realiza San Pablo en esta carta, al considerar a la Iglesia como comunidad de creyentes, con el cuerpo humano, es acertada e iluminadora. La cabeza y centro de la Iglesia es el mismo Cristo.
El cuerpo humano está compuesto por distintos miembros y órganos, que a su vez desarrollan una tarea determinada, para un correcto funcionamiento. De igual modo cada cristiano, lleva a cabo una misión o un servicio concreto: unos cumplen el ministerio del sacerdocio, otros tienen la tarea de educar en la fe en la catequesis, otros trabajan en el ámbito social, algunos organizan la liturgia, etc.… En definitiva cada cual vive y realiza un cometido que enriquece a toda la asamblea comunitaria, logrando una Iglesia dinámica y viva.
La Iglesia debe ser una auténtica comunidad que aglutine la diversidad de personas con su propio carisma, personalidad e identidad, dándole un toque de diversidad y pluralidad, y ofreciendo posibilidades de crecimiento. Está encaminada a vivir un espíritu de unidad, como el mismo cuerpo, en el que todas sus partes son necesarias para un funcionamiento óptimo. Sin embargo no podemos confundir la unidad que representan los miembros de la Iglesia, con la uniformidad, ya que el ámbito eclesial está instituido por el Espíritu de Cristo.
La diversidad dentro de la Iglesia va orientada a realizar un proceso dinámico, potenciando la acogida, el encuentro y la realización particular de cada persona. El modelo a seguir es Jesucristo, que nos convoca, y es el centro de la comunidad, en su nombre nos reunimos en cada Eucaristía.
Buena Noticia como itinerario de Vida
El relato de Lucas comienza con una presentación del autor, poniendo por escrito la Buena Noticia de Jesucristo. Ha tenido acceso a otros textos: buscando, indagando y reflexionando. El procedimiento que ha realizado le capacita para poder transmitir esas verdades a su comunidad, dentro de su contexto.
Este ejercicio de Lucas, se hace necesario para nuestra vida de fe, porque en nuestro itinerario descubrimos progresivamente a Cristo, a través de su Palabra, y la aplicamos a nuestras experiencias vitales. El conocimiento de Jesús se hace imprescindible en la oración, en nuestro interior, para luego vivirlo y ofrecerlo a los demás.
En este pasaje Jesús es presentado en su entorno familiar, y en su pueblo de Nazaret, y lo hace en el lugar más importante: la Sinagoga, donde se congrega el pueblo para escuchar la proclamación y la enseñanza de la Palabra de Dios.
La elección del texto del profeta Isaías, no es una casualidad, porque va a marcar un nuevo rumbo en su vida. Jesús va a recuperar el sentido original profético, y lo va a actualizar en su propia persona. Él es el enviado, por eso dice: ‘hoy se cumple está escritura’.
El mensaje que trae Jesús es el anuncio del Reino de Dios, un nuevo tiempo para proclamar y evangelizar, palabras que repite, y que dan una verdadera dimensión de su misión profética y mesiánica. Su enseñanza es activa y renovadora, con el objetivo de no quedarnos ensimismados en tradiciones y modos antiguos, que en ocasiones están vacíos. Recuperar el espíritu profético, para anunciar la Buena Noticia, aquí y ahora, en nuestra realidad, en nuestros ámbitos, porque es una tarea más que necesaria en la actualidad.
El Espíritu de Cristo nos invita a seguir su estela, para llevarla al mundo con nuestros lenguajes y modos, para que se encarnen en nuestra sociedad. Pero sobre todo fijándonos en la autoridad de Jesús, pues no solo enseñaba con palabras y parábolas, sino también con sus obras: curando enfermos, liberando oprimidos, ofreciendo alternativas de vida nueva, sobre todo a los últimos de la sociedad, a los que apenas tienen esperanza, ni ilusiones. Ese debe ser nuestro itinerario de vida cristiana.
Evangelio del domingo 26 de enero del 2025